Hay historias que comienzan mucho antes de que sepamos que están comenzando. La de Pálpito comenzó en un momento en el que mi vida me obligó a detenerme y, por primera vez en mucho tiempo, aprender a escuchar el silencio.
Durante los últimos 16 años, transité por un mundo corporativo lleno de retos, aprendizajes, personas y momentos maravillosos que me hicieron feliz. Sin embargo, un día, sin esperármelo, esa etapa llegó a su fin. Y de repente, todo cambió.
En medio de una búsqueda de respuestas y señales para volver a mí, un viaje a México terminó convirtiéndose en mucho más de lo que esperaba. Llegué en busca de algo y, sin saberlo, entendí que los milagros no siempre llegan de la manera que esperamos. A veces llegan en forma de una persona, de un encuentro, de una puerta que se abre o de alguien que decide compartir contigo lo que sabe.
Y entre todas las historias que me dejó este viaje, hubo un encuentro que marcó un nuevo rumbo en mi vida. Un encuentro que me permitió acercarme a una tradición mexicana llena de símbolos y descubrir una nueva forma de crear. A partir de allí, comencé a crear corazones que no fueran solamente objetos decorativos, sino piezas capaces de representar aquello que muchas veces sentimos y no sabemos cómo expresar.
Porque un pálpito es eso que aparece dentro de nosotros antes de que podamos explicarlo. Una sensación, una intuición, una certeza pequeña que nos mueve. Y quizás eso fue Pálpito desde el principio: una serie de pequeñas señales que me fueron llevando hasta aquí.
Hoy, cada corazón que hago lleva un poco de esa historia. La historia de una etapa que terminó, de una mujer que necesitó volver a encontrarse y de un viaje que comenzó buscando algo y terminó encontrando un camino.
Por eso, en Pálpito creemos que todo aquello que nos mueve encuentra un lugar en el corazón.
Y que, a veces, solo necesitamos detenernos un momento para escucharlo.